Es posible que últimamente hayas estado viendo a muchas personas de tu entorno calzándose las deportivas y lanzándose a recorrer kilómetros. Es más. Seguro conoces a alguien que haya sacrificado la mañana de domingo en la cama para participar de una carrera benéfica. Sencillo, económico y de fácil adaptación, el running vuelve a ser tendencia y cada vez cobra mayor protagonismo. Sin embargo, siempre surge el debate sobre cuál es la frecuencia y la intensidad recomendables. Lo cierto es que no hay una única respuesta válida. La estrategia eficaz y poco lesiva es correr a ritmos asumibles.
Tanto si queremos iniciarnos en el mundo del running como si ya llevamos un tiempo haciéndolo, el objetivo suele ser el mismo: emplearse a fondo a todo momento para mejorar la marca personal. Definimos la ruta, la repetimos varias veces a la semana y aceleramos el ritmo con la esperanza de completar el recorrido más rápido que la última vez. Adentrarse en sesiones de alta intensidad sin control tiene impacto negativo en los músculos, tendones y ligamentos. No es sostenible, no va a acercarte a tu velocidad máxima real y puede llevarte a un estancamiento del progreso.

La base de la carrera
En esta disciplina se suele valorar mucho las largas distancias y el cambio de terrenos pero poco se habla de los beneficios de los rodajes a ritmos cómodos. Según nos explica Rodrigo Gavela Rodriguez, olímpico en el Maratón de Barcelona 1992, los entrenamientos lentos son la base de la carrera a pie.»Nos permiten obtener energía aeróbicamente, es decir, en presencia de oxígeno. Te ayudan a mejorar la resistencia orgánica general, por lo que sirven para resistir más tiempo corriendo». Cuando adaptas los ritmos, también estás dando a tu cuerpo la oportunidad para que se activen los mecanismos de recuperación. «Si incluimos carreras suaves en el entrenamiento de forma constante, tendemos a lesionarnos un poco menos«, señala Brad Whitley, doctor en fisioterapeuta en Bespoke Treatments en San Diego.
Cambio de mentalidad
Puede ser difícil aceptar que correr despacio es la forma más inteligente de acumular kilómetros sin sobrecargar el cuerpo. En este caso, Jes Woods, entrenadora de Nike Running, sugiere dejar las prisas a un lado y aplicar un cambio de mentalidad: «en lugar de asignar un valor a la carrera «rápida» o «lenta» vinculado a un tiempo de finalización o un ritmo, piensa en tu «esfuerzo» general en cada carrera». Empieza con rodajes suaves 3 días a la semana. Cuando ya te sientas adaptad@ y que has mejorado el rendimiento, entonces prueba aumentar la frecuencia a 4 días a la semana y progresar en los ritmos. No te olvides la importancia de elegir un calzado diseñado con la eficiencia de la carrera y de incluir en tu rutina ejercicios de fuerza. Poco a poco disfrutarás más del proceso y conseguirás que practicar running sea todo un éxito.
se me ajusta a mi realidad,
no solo por edad, sino tambien por distribucion de tiempo..
gracias,